miércoles, 22 de septiembre de 2010

De enfermedades

Y una que sigue enferma. O eso parece.
Las fiebres y los dolores estratosféricos de estómago/ovarios han pasado a la historia, pero ahora me enfrento a algo que me molesta todavía más: el resfriado, el dolor de espalda y las inconstancias de mi barriga.
El resfriado es algo pasable, por la costumbre y tal (aunque la congestión es cojonuda, en el mal sentido). Sin embargo, el que la barriga vaya doliendo solo cuando NO debería de doler (cuando me levanto para ir al instituto y tiene que quedarse en un intento frustrado de cumplir mis obligaciones, por ejemplo) y que depende la postura que haga me den unos pellizcos exageradamente dolorosos en la espalda no es tan pasable. En parte, porque me estoy saltando más clases de las que debería (y si el año pasado me hubiera alegrado de tener días de descanso, este año solo consigue estresarme más), y por otra parte, porque no puedo ensayar, no me sé los bailes y el saló está a la vuelta de la esquina (¡viva!). Además, los pellizcos de la espalda me hacen casi imposible bailar, y como no se solucione pronto me empezaré a asustar y a cagar en todos los santos (con perdón). Y, para rematar, no solo fastidié el cumpleaños de Jana (porque sí, fueron un amor y lo atrasaron por mí ;A; gracias), si no que a este paso también fastidiaré el mío, que es el sábado, y aunque no tengo nada planeado (ni pienso planearlo, hace años que las fiestas de cumpleaños no entran en mis planes) por lo menos esperaba ir a ensayar, comer en el kentucky y pasar una tarde guay con mis amigas y una tarde-noche guay con mi novia.
Como mi organismo siga igual de rebelde, me declararé en huelga (no sé cómo, pero lo haré).

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